Mi primera experiencia boreal

A Dream Come True

Cuando era un chaval, a través de los libros y documentales comencé a soñar y respetar el mundo natural que nos rodea, alucinaba con cosas como la historia de los dinosaurios o cuando veía documentales sobre el universo y sus misterios, y de cómo evolucionó la vida en la Tierra hasta llegar a tal y como la conocemos hoy en día. En aquel momento, el sueño de vivir uno de esos momentos únicos e irrepetibles me quedaba muy lejos, pero hace unos meses me decidí a embarcar en un viaje organizado por mi amigo Javier Alonso Torre (Northphototours) hacia las islas Lofoten (Noruega), un archipiélago situado en la región de Nordland, por encima del círculo polar ártico.

Algunos dicen que su nombre procede de “lo”, que significa lince, y “foten” que significa “el pie”, ya que la cadena de islas parecen un pie de lince desde tierra firme, pero sin duda el nombre que más me inquieta es el de “Lofotveggen” o “Muro de las Lofoten” refiriéndose a que desde diversos puntos elevados, el archipiélago parece un muro cerrado. Y a mí me encanta, porque suena a magia y misterio, y  cuando recorres su interior te das cuenta de que sí es un muro que ha guardado para siempre una zona salvaje, llena de belleza, que esconde aguas azules y cristalinas, e incluso el mayor arrecife de coral en aguas profundas (arrecife de Røst), todo ello envuelto por la magia inconfundible de las auroras boreales que pintan el cielo nocturno.

La posibilidad de poder ver auroras boreales me apasionaba pero nunca sospeché que vivir ese momento fuera algo tan asombroso y único. La noche del 07/02/17 comenzó con buena previsión de auroras y el cielo estaba completamente despejado.  Nos desplazábamos a una localización marcada pero nuestro trayecto se vio interrumpido a mitad de camino cuando en el horizonte una aurora comenzó a brillar, hasta entonces yo no sabía exactamente como era una aurora, pero lo que pareció ser una tenue nube gris en el cielo se transformó poco a poco en algo verde y brillante que bailaba en el cielo, cada vez con más fuerza. Describir mediante palabras todo aquello que sentí cuando la vi por primera vez me resulta imposible, pero si os puedo asegurar que fue algo entre vivo, pequeño e insignificante. Mi primera aurora boreal no fue la más espectacular que pude fotografiar ni tampoco la fotografía lo es, pero el universo pareció darme una señal enviándome una pequeña estrella fugaz al cielo, porque había conseguido realizar un sueño único.

A dream come true

Cuando estás presente ante un fenómeno creo que eres más consciente de lo delicada que es la naturaleza y el equilibrio que la sostiene. Me gustaría recordar un relato de Galen Rowell extraído de su libro: “Fotografía de naturaleza: una mirada interior”, en el que decía: “Todos los fotógrafos de naturaleza comparten esa responsabilidad especial hacia la humanidad para traer de sus viajes imágenes de las verdades de las que son testigos, o para revelar cómo alteraron dichas imágenes a la búsqueda de planes menos duraderos que podrían traicionar esa asunción de la verdad. Podemos concluir, pues, que el que nos creamos la foto de la tierra que hizo Anders (primera foto de la tierra desde el espacio) – así como todas las fotografías relevantes que podamos contemplar del mundo natural- implica una confianza sagrada entre el fotógrafo y una audiencia que, al igual que una especie en peligro, está muy amenazada, pero también muy viva”.

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