Esperanza, lo último que se pierde

Recién regresados del viaje a Islandia, solamente he tenido tiempo de revisar las imágenes y poco más, pero quería compartir con vosotros esta imagen, no solamente por el lugar (precioso) sino por la historia que hay detrás de ella.
 
Para llegar aquí tuvimos que dejar la furgoneta al inicio de un camino debido a que las condiciones no eran muy buenas para pasar por él, así que crampones al pie y a caminar un buen rato. Al llegar al lugar, el cielo seguía espeso y prácticamente sin textura, ni una sonrisa nos daba…Tampoco se quedó atrás el viento, que soplaba con energía y debíamos sujetar los trípodes con fuerza para poder trabajar y así evitar la trepidación de la imagen.
 
La tarde pasaba y todo seguía igual, prácticamente sin color pero los atardeceres en Islandia son muy largos y la esperanza es lo último que debe perder un fotógrafo. Cuando ya algunos recogían el material recuerdo perfectamente al crack de Javier Alonso Torre diciendo algo así como “Nada de recoger, seguimos esperando al último rayo de luz” y….PUM! El rayo entró en la montaña, pintándola de rojo. Un momento realmente especial y un verdadero regalo para los ojos después de batallar contra las condiciones climatológicas.
 
Así fue como Islandia nos daba la bienvenida y nos avisaba de que todo el viaje giraría en torno a la esperanza, ya que tuvimos condiciones realmente difíciles donde la lluvia y los vientos extremos fueron los protagonistas en muchos de nuestros días.

Disfruta del momento

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Estas navidades visité durante varios días el Paraje Natural de Punta Entinas Sabinar para ver que aves invernantes se encontraban allí. En una de las charcas siempre veía unos 50 o 60 limícolas así que me dispuse a intentar sacar una buena imagen de ellos, pero el día que acudí  no tuve la suerte de verlos y los que observé estaban bastante disperos por las distintas charcas del entorno. Sinceramente, no sabía que hacer porque no veía mucha actividad por la zona y estuve un buen rato pensando donde situarme. Finalmente, decidí hacerlo en una pequeña charca donde he estado viendo desde el verano a un grupo de zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis).

Pasaba el tiempo y los zampullines no se acercaban, tan solamente podía fotografiarlos con el 600mm y, aún así, los quería tener más cerca. Pero si algo he aprendido en fotografía es a no impacientarse con las cosas, así que decidí quedarme un rato más. De pronto, un aguilucho lagunero (Circus aeruginosus) cayó en picado un poco más lejos de donde estaba y a los pocos minutos volvió a retomar el vuelo en dirección hacia donde yo estaba. Sabía que me pasaría justo por encima, pero cuando estás tumbado tienes poca libertad de movimiento y, en ese momento, tuve que decidir si intentar realizar la foto y espantar al ave o, por el contrario, pasar de la foto y disfrutar de ese momento. Decidí hacer lo segundo y el aguilucho paso a unos 2 metros sobre mí batiendo sus alas, un momento único que no sucede todos los días. No se que hubiera pasado si hubiese intentado fotografiar al aguilucho, pero lo que si se es que en este mundo donde todo se acelera cada vez más a veces no pasa nada por pararse a escuchar y sentir el presente sin querer consumirlo rápidamente.

Más tarde, la naturaleza me brindo con el acercamiento de los zampullines, de los cuales pude traerme una excelente colección de imágenes.

Espero que os guste la historia y la foto!

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